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La
fiesta de las fallas lleva consigo la alegría estridente y
ruidosa de la música. A la deslumbrante policromía de la
ciudad, envuelta en sol y tracas, rebrillan los bruñidos
instrumentales de las bandas de música, que cruzando
calles y plazas, dan a la fiesta una animación y alegría
extraordinaria.
Pero la música no se asocia a la
fiesta tan sólo en esos días , porque se inicia en actos
preliminares como: La apuntá, la elección de las Falleras
Mayores, la replegá, cabalgatas…
Y es pieza obligada por su
popularidad el pasacalle (así lo denominó su autor),
“El Fallero”,
cuya composición alegre y melodiosa se halla infiltrada en
el alma de la fiesta fallera.
El Maestro Serrano, que fue un
valenciano y entusiasta de las fallas, comentaba en una
entrevista realizada por el periódico “Levante”, en el año
1956, como había escrito el pasodoble <<El fallero>>.
Le gustaban mucho al Maestro las
Fallas, y es por ese motivo que acudía a vivirlas,
siempre que podía.
“Me
gustaban, sobre todo, aquellas fallas típicas de barrio
rodeadas de banderolas y gallardetes, construidas,
construídas, si se quiere, con poco arte,
pero con una gracia y una intención que las hacían
perdurar en la memoria por mucho tiempo”
El maestro recordaba, los tiempos
que, estudiante del conservatorio de Música valenciano,
acudía el día de San José, con un grupo de compañeros de
clase, a casa del profesor don
José Valls, el
maestro inolvidable, creador de la
Sociedad de Conciertos
y propulsor, con el maestro
Salvador Giner,
de la música en Valencia, y también del teatro lírico
valenciano.
Vivía el maestro Valls, En la calle
Monjas Servitas, esquina a la de Triador, en pleno barrio
de Velluters, donde se acostumbraba aplantar una falla,
hasta que la circulación del <<ravacholet>> (el antiguo
tranvía tirado a caballo), hizo cambiar el emplazamiento a
otro lugar de la calle.
La fiesta onomástica del maestro
Valls constituía un acontecimiento en toda la Valencia de
entonces, y allí acudían gran número de artistas,
literatos y músicos, improvisándose una fiesta de arte que
terminaba cuando a las ocho de la noche, se quemaba la
falla.
Fue en el año 1928, cuando la fiesta
de las fallas se hallaba en pleno auge, dado el impulso
dado por al “Sociedad Valenciana Fomento del Turismo”,
Iniciando en las páginas de la revista “Valencia
Atracción”, que dio por fruto la legada de los primeros
trenes falleros a Valencia.
Alma de todo ello fue un valenciano
entusiasta, D. Antonio
Royo Ample, componente de esta entidad citada
que pidió al maestro Serrano que escribiera un pasodoble,
el cual como nuevo aliciente de la fiesta fallera,
tocarían las bandas de música que esos días recorrían las
calles de la ciudad.
El maestro Serrano aceptó
complaciendo la petición y se comprometió para escribir el
pasodoble a fecha fija, y ya todo dispuesto, menos la
primera materia, no tuvo más remedio que ponerse manos a
la obra.
Casualmente, le había llegado una
carta a su domicilio de los falleros valencianos en la que
le decían: “Maestro,
solo faltan unos días para que los muchachos salgan a las
calles entonando el viejo pregón: “Hi ha una estoreta
velleta para la fallas de Sant Josep”.
El
maestro, pensando en la antigua canción infantil, se
encerró en su cuarto y, un compás tras otro en solo media
hora, compuso “El Fallero”.
Al día siguiente se hacían 100
copias, y cuando ya ni se esperaban en Valencia, un
empleado de la compañía de las camas, entregó en mano a la
Sociedad de Fomento de Turismo, la obra prometida.
El día 18 de marzo de 1929 se
estrenaba en Valencia “El Fallero”, constituyendo, un
éxito artístico y un legado que ha llegado hasta nuestros
días.
La entidad valenciana, no ocultaba
su satisfacción por ello, y al dar cuenta de las fiestas
falleras de aquel año, publicaba también en las páginas de
“Valencia Atracción”,
un retrato del maestro Serrano con el siguiente pie: “El
notable maestro Serrano, que a pesar de la incredulidad
mostrada por cuantos les comunicamos la noticia, ha
escrito el pasodoble fallero, que prometió, y que ha
tenido el indiscutible éxito de todas sus composiciones”.
Posteriormente en 1931, el poeta
Maximiliano Thous Orts,
adaptaba una letra al ya popularísimo pasodoble, u en
función de homenaje al maestro Serrano, se estrenó con el
mismo éxito que había obtenido años antes.
Bibliografía:
Levante, extraordinario de Fallas,
año 1956/ Vicente Vidal Corella/”El Mestro Serrano, las
Fallas y el Fallero.
Libro Oficial de Junta Central
Fallera, año 1979/Entrevista a Isaura Serrano.
 
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