El
agrado por las artes ornamentales y suntuarias de la sociedad valenciana
improvisadas en las calles y plazas ha desarrollando el gusto por lo
ornamental y lo escenográfico al aire libre indispensable en las fiestas
callejeras de la ciudad de Valencia desde el siglo XV.
Fiestas
influenciadas por innumerables façtores histórico-políticos y religiosos
que generaron infinidad de artistas anónimos que a través del tiempo fueron
configurando lo que hoy conocemos como falla.
Pero no hay que caer en tópicos fáciles e incorporar nuevas teorías de
investigación y profundizar sobre tradiciones que se pierden en las
costumbres más ancestrales de una ciudad que ha sido receptora de infinidad
de culturas que han configurado una fiesta singular pero no ajena a las
influencias de su entorno geográfico.
La tradición
indoeuropea de representación de figuras mediante elementos efímeros como
cera, alabastro y papel se extendió por todo el occidente mediterráneo,
incorporándolos a los actos lúdico- religiosos y utilizándolos como
elemento principal en la construcción de las máscaras o los exvotos. Los
primeros fueron utilizados en los carnavales como elemento festivo y los
segundos como ofrenda religiosa.
Los antecedentes
directos del Ninot de falla aparecen con el "bulto" o
"fardo" "el Ninot de L'Horta", y el "Ninot de terra"
este último el más urbano de los tres.
Del primero la
ciudad conserva desde 1596 la tradición de unas figuras denominadas bultos de
San Esteve que en un total de 19 se exhiben todos los años ante la pila
bautismal de San Vicente Ferrer.

Y el segundo el conocido "el ninot de L'Horta" que se coloca en los
cruces de los caminos atado con cuerdas y relleno de paja. Este último fue
una costumbre muy arraigada en toda la huerta que rodea la ciudad hoy
totalmente desaparecida y que aun se conserva en zonas del interior con
distintos significados.
Este ambiente lúdico festivo que la ciudad adquiere desde el siglo XV, le
da un prestigio que traspasa las fronteras alcanzando la cumbre festiva en el
siglo XVIII donde realizan una sucesión de actos que refuerza la fama de la
ciudad.
Esta fama
trasciende a otras latitudes, creando el ambiente apropiado para que desde el
siglo XV proliferen los talleres dedicados a la construcción de catafalcos,
arcos, carrozas triunfales e imaginería tanto religiosa como laica, a las que
se van incorporando nuevas técnicas y nuevos materiales, traídos de otras
latitudes como el papel y el cartón que desplazan a la madera y la piedra,
consiguiendo elementos efímeros más maleables y ligeros que el pueblo
incorpora a su vida cotidiana.
De estos talleres
artesanos quedan pocos datos dado lo temporal de su obra pero son estos
artesanos los que con sus creaciones destinadas a las fiestas populares van
configurando las bases del ninot de falla actual.

Entre estos artistas pioneros que llegan a nuestros días aparecen Nicolau
Querol y Juan Castelnou, artesanos que logran gran popularidad en la ciudad,
atribuyéndosele al primero la construcción de los gigantes y cabezudos en
1432 gran parte del atrezo de la procesión del Corpus. Y Nicolau Querol este
ultimo un conocido imaginero de la ciudad que junto con sus obras religiosas
para el culto, construye figuras de cartón y alabastro.
Es precisamente
Rafael Pérez Contel en su libro "Ninot de falla" el que hace mención
de varios precursores que hacen aparición en el siglo XVII todos ellos
creadores de catafalcos callejeros, figuras de bulto y máscaras,
principalmente para el carnaval de Valencia que en esta época es una de las
primeras fiestas de la ciudad.

Pérez Contel en su
trabajo incorpora nuevos nombres, entre ellos a un conocido carpintero
afincado en Valencia "Juan Bautista Ravanals" que confecciona
figuras con movimiento, uno de los que más destaca como precursor es el
propio Contel, en 1797 es Joaquín Doménech, constructor de un gigante de más
de nueve metros de altura en la plaza del Mercado Central de Valencia con
motivo de la beatificación de don Juan de Ribera.
A partir del siglo
XIX es cuando nos llega una mayor cantidad de nombres relacionados con las
primitivas hogueras en las que se van incorporando figuras con cierto sentido.

El primero es el conocido escultor Ferran Adrián que en 1810 satiriza a los
franceses mediante "bultos" que distribuye por varios puntos de la
ciudad, siendo perseguido por las tropas francesas, teniendo que exiliarse en
Palma de Mallorca donde funda una escuela de modelado.
El más conocido de
estos artistas populares que nos llegan del siglo XIX es Francisco Olarra
Miramón (1823-1877) "Coqui" personaje muy popular que en su taller
de pintura mural ubicado en la calle En-Llop construye para las fiestas
populares "Ninots de terra" y máscaras, especializándose en "Bous
de cartó".
Estos últimos
conocidos como la "ganadería de Coqui" construidos en pastas y cartón
eran de tamaño natural y amenizaban en las fiestas callejeras.
Su producción como
artista de lo popular es extensísima, según nos cuentan varios historiadores
que lo sitúan junto con Manuel Chambo Mir (1848), Vicente Borrás Mompó
(1835-1903), José Vives y Antonio Cortina Farinós (1841-1889) entre los más
destacados. Es este último uno de los principales responsables de introducir
en los catafalcos nuevos conceptos artísticos que mejoran ostensiblemente los
ninots, incorporando la cera en las cabezas y las manos de las figuras dotándolos
de cierta personalidad perdiendo la tosquedad del ninot primitivo, elevándose
el catafalco para mejor visión de las figuras, sentando las diferencias entre
la hoguera primitiva y la falla.
Es precisamente a finales del siglo XIX cuando concurren las condiciones
necesarias para que el ninot adquiera una personalidad propia convirtiéndose
en el auténtico protagonista de la fiesta. Estas condiciones que se dan a
caballo de dos siglos son propicias gracias al elenco de artistas que aportan
cada uno desde su especialidad las bases necesarias para la transformación
del catafalco y por consiguiente la del ninot.
Entre ellos
destacamos a Antonio Estruch (1835-1907) extraordinario dibujante, que con la
aportación de sus dibujos a las bases de los catafalcos mejora la compresión
de la escenografia de la primitiva hoguera. Mariano García Más "Marianot"
(1835-1907) que según Pérez Contel compagina su extensa obra con las artes
populares, contando con varios colaboradores que desde su taller situado en la
calle Corona ayudan a los artistas más modestos construyendo máscaras para
colocar en los catafalcos.
Junto con el cambio
de siglo aparecen los primeros artistas falleros que compaginan sus trabajos
con la construcción de los catafalcos para las fiestas que desde principio de
siglo inician su despegue para convertirse en la primera fiesta de la ciudad
desplazando a un segundo término a aquellas que habían sido las principales,
como el Corpus o los carnavales.

El ninot inicia el siglo XX ya transformado en una figura con mayor realismo,
construido principalmente con un armazón de paja o arpillera con manos y
cabeza de cera, sistema que utilizan todos las artistas de la época
destacando en su trabajo Pedro Guillen (1874-1911), Pedro Ferrer (1860-1944) y
Carlos Cortina (1875-1949) que se convierte en el primer gran artista que crea
el bastidor central manteniendo el ninot dentro de las formas tradicionales
incorporando grandes volúmenes donde sitúa el ninot como un elemento más
alrededor del catafalco.
Regino Más
(1869-1968) años más tarde les hace dar el gran salto, convirtiéndolos en
los protagonistas mediante una estudiada escenografía que lo arropa convirtiéndolo
en actor inanimado. Sus ninots se sustentan sobre maniquíes hechos ex-profeso
de cartón para cada situación los viste y humaniza, confundiéndose con el
espectador que se convierte en cómplice de la escena. Junto con el maestro
aparecen grandes artistas que mantienen la misma técnica.
Es un discípulo de Regino el que a mediados del siglo XX realiza la
segunda gran transformación del ninot de falla este es Juan Huerta quien
prescinde del maniquí y hace desaparecer la ropa o modelando la figura entera
en barro eliminando el bastidor creando un ninot totalmente modelado.
Técnica que se
extiende con gran rapidez convirtiéndose en el ninot de falla más utilizado
durante más de dos décadas, apareciendo un grupo de artistas que mezclan el
ninot tradicional el vestido junto con el modelado, como Ricardo Robert que
utiliza técnicas tradicionales junto con las más vanguardistas en la que
incorpora nuevos materiales como serrín, paja, y plásticos y Vicente Luna
que en sus catafalcos mezcla ninots vestidos junto con modelados.
Pero no es hasta el
último tercio del siglo XX cuando el ninot sufre su última gran transformación
motivada por la incorporación de nuevos mate-dales, principalmente los sucedáneos
del petróleo como es el "corcho blanco" y derivados de los poliésters.
Son dos artistas
los principales impulsores de estas técnicas, Miguel Santaeulalia y Vicente
Almela; el primero modela o talla en 1984 el primer ninot íntegro en
"corcho blanco", técnica que Vicente Almela utiliza para la
construcción de catafalcos y ninots.
Es en 1994 cuando
el primero de ambos inicia la transformación del ninot tradicional hacia una
plástica más moderna, utilizando elementos del cómic y la caricatura
abriendo nuevas perspectivas del ninot y modernizando su estética más
tradicional.
Manolo Sanchis