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Y no es por nada, pero los que pudimos vivir "in situ" la celebración pudimos pronunciar algún que otro pero -por ejemplo, que alguno que otro se hizo esperar como las novias- y sin embargo, ninguno de ellos podría referirse al sentimiento fallero. Qué fácil es sentirse fallero -aunque uno no lo merezca, haciendo un ejercicio de sincero convencimiento- de la Falla Plaça de la Merced. Yo no sé si será influencia del más que cercano Ayuntamiento, "cap i casal" que personaliza el sentimiento valenciano con su vocación siempre acogedora y siempre con ganas de abrazar a todo el que quiere acercarse y amar la Fiesta, -nuestro sin igual Fernando se cansa de llevar esa vocación a sus falleros y sus falleras, qué amor por la Fiesta tiene este Fallero con mayúsculas-.
Y eso que la noche no empezó por los "renglones rectos del Señor", que diría el "retor"... El presidente llegó tarde por culpa de la inpuntualidad del servicio público de tranportes del muy noble municipio de Manises -señor alcalde, tome nota (es broma)- y la cosa no pasó del típico "le doy un capón cuando llegue"... Pero es que en la Merced, las cosas son así... Espontáneas, simpáticas... Auténticas, qué diantres...
Pues va y llega el presidente, y la cosa se organiza en un segundo y medio (y el medio fue por "mírame tú este nudo de la corbata, no vaya a ser que esté medio torcido y la c..."). Pero no... El "Presi" llegó tarde pero con las ideas muy frescas, y muy claras... Que no se había acostado a las tantas de la madrugada el día anterior porque sí... Llegó como Papá Noel, cargado de sorpresas e ilusiones, y su Comisión, como viene demostrando desde hace tiempo, respondió como suele hacer, para alegría y emoción de su presidente y de los que nos sentimos cerca de la Merced: alegre, dispuesta, con los brazos prestos para alzarlos con ilusión e ímpetu valencianot... !Vixca la Merced!
Itziar, esos ojos de simpatía desbordada y candidez infantil entre las infantes falleras como las ha habido pocas en lustros, no pudo sino disfrutar del acto que, aunque significaba su fin de reinado, la llenaba de sentimiento fallero al entregar el testigo a su queridísima -i tan bonica, ché- Patricia... Qué grande es la inocencia de la infancia, tan desprendida, tan generosa, tan sincera... Itziar daba por terminado su reinado y sin embargo lo regalaba como quien da su abrazo a una hermana... porque sí, porque así ha de ser y porque igual eres tú que yo... Ése es el sentir Fallero, y eso es lo que se respira en esta Comisión como no he visto en ninguna otra -al menos con esta intensidad-.
Luego vino la parte seria... Los discursos -que en La Merced siempre son así de sentidos, así de espontáneos- y los agradecimientos. No podríamos dejar de admirar las lágrimas no sólo de familiares, sino también los sinceros y esporádicos comentarios de amigos e incluso desconocidos -esa inquieta niña que preguntaba a su madre "¿por qué llora la fallera mayor infantil, mamá?"- Pues porque se emociona, porque siente a un gran grupo de personas, falleros que quieren por encima de todo a su Falla -qué responsabilidad- apoyándola y vitoreándola porque, ahora sí, es su reina, su niña, su dama durante el próximo año.
Amparo Salvador Trigo agradeció la oportunidad de llenar los corazones de la Merced un año más -repite reinado, qué inmenso honor añadido al ya vivido el año pasado- y Patricia Jardel Navas, o Patri, como la conocen sus amigos y amigas de la Comisión Infantil, con sus dos preciosos ojitos empañados por un brillo que no le abandonó durante toda la noche, a punto de asomar en forma de lágrimas, vivió el momento con toda la carga emocional que llevaba a las espaldas... Qué escena, verla allí, sobresaliendo apenas de las cabezas del público asistente sentado y, sin embargo, envuelta en una mística grandeza que la hacía alzarse sobre todos los hombros como una reina niña... Ése es el manto del cargo de Fallera Mayor Infantil que sin saber por qué reviste a una niña de escasa edad de una regia elegancia difícil de describir...
Y Fernando, el "Presi"... Machote, no hace falta que convenzas a nadie. Sólo hace falta escucharte cuando hablas de tu amada Comisión. Que sí, chacho, que amas a las Fallas y a tu Falla por encima de todo lo demás... Si lo sabemos, lo vemos en tus ojos... Madre mía, La Merced se merece el Primer Premio en Fervor Fallero...
Y luego, el toque de humor. Algunos miembros de la Comisión aún se preguntan quién era aquella payasa que con tanto gracejo y salero se metió en el bolsillo a todo bicho viviente allí presente... ¿Quién sería? Lo importante es que sacó de los ánimos de los presentes -a pesar de la crisis existente- más que una carcajada, un estado de ánimo sonriente y alegre para toda la noche -la ocasión lo merecía, qué carajo-. En definitiva, una de esas noches que merecen ser vividas, compartidas, disfrutadas... Tranquilos, valencianos... El espíritu fallero sigue vivo, a salvo en multitud de comisiones falleras como la de La Merced... y Qué bonito es sentirlo cerca en una de estas ocasiones... |
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