BREVE RECORRIDO POR LA
HISTORIA DEL
“GREMI D’ARTISTES DE FOGUERES D’ALACANT”.
Mucho ha llovido ya desde 30 de
noviembre de 1982, mes y año de fundación del Gremio de
Artistas de Hogueras de Alicante. Fue en esa fecha,
después de varios intentos fallidos –en los años 60 y 70
por artistas como Marco, Capella y Esplá- y gracias al
interés y esfuerzo de un grupo de constructores que
decidieron que la mejor manera de caminar en un futuro
sería la de la unión gremial. Surge por tanto a imagen
de otros gremios similares en funcionamiento a lo largo
del territorio valenciano, en especial como reflejo del
Gremio de Artistas Falleros ya existente en la capital
del Turia. Y aparece con la firme intención de
dignificar y defender los intereses de todo el colectivo
de artistas cuyas obras de arte dan sentido y forma a la
festa del foc en la ciudad de Alicante. Y eso por mucho
que llueva parece que no cambia.
Como todo en esta vida los
primeros pasos dados por el Gremio de nuestra ciudad
fueron lentos y difíciles, máxime en una profesión
siempre caracterizada por un cierta rivalidad, sana y
comprensible, entre sus miembros, ya que en el fondo
todos compiten con todos, lo que le confiere ciertas
peculiaridades que no se dan en otros colectivos. En
aquella reunión constituyente se decidieron los cargos
de la primera junta directiva del Gremio, que fue la
siguiente: Presidente, D. Juan Capella Guillén;
Vicepresidente, D. Ángel Martín Jover; Secretario, D.
Julio Esplá Martínez; Tesorero, D. Francisco Granja
Velázquez. A partir de ahí se comenzó a trabajar en
serio, y tal y como queda reflejado en la primera de las
actas “en espera de la evolución del gremio”. Es el 6 de
diciembre de 1982 cuando el Ministerio de Trabajo
autoriza la legalización del citado gremio. Y a partir
de ahí reuniones, asambleas informativas y las primeras
decisiones, aquellas referentes a las fórmulas de
financiación y aquellas relativas a las formas de
funcionamiento y estatutarias. Se establecen las
primeras cuotas: 5.000 pesetas iniciales por socio, y
una cuota de 1.000 pesetas mensuales, empiezan a pedirse
las fotografías para los primeros carnets de socio y
también llegan las primeras amonestaciones para que
algunos jóvenes artistas mejoren calidades y resultados.
El presidente del Gremio propone que cada agremiado
disponga de un número de orden y que se dividan en dos
categorías. Una A para veteranos que dispondrían de
total libertad de trabajo y una categoría B para jóvenes
que durante dos años no podrían realizar monumentos de
más de 500.000 pesetas. El primer carnet de la categoría
A se le otorga a Ramón Marco, siendo el número 1 de la
categoría B para Francisco Juan Navarro.
Fue el 19 de julio de 1983 el día
elegido para presentar y entregar a todos los agremiados
los primeros y todavía vigentes estatutos del Gremio.
Unos estatutos de 12 páginas en los que se recoge que la
justificación de su creación es “la dignificación de su
trabajo” y en los que se obliga a sus socios entre otras
cosas a “respetar las normas del Gremio dirigidas a
mantener la calidad y la dignidad artística y técnica de
los productos que elabore, impidiendo modificaciones que
redunden en su propio perjuicio” (art.29-5).
Después del cuatrienio inicial
bajo la presidencia de Juan Capella Guillén fue Pascual
Domínguez el encargado de presidir el Gremio alicantino
acompañado por Ángel Martín como Vicepresidente y
Francisco Granja en la Tesorería. Fue el primer mandato
del hombre que durante más años ha estado al frente del
Gremio, ya que posteriormente retomó a la presidencia
tras un breve mandato del artista Pedro Soriano Moll.
Actualmente continúa ostentando la presidencia
ininterrumpidamente desde el año 1995.
El Gremio se ha caracterizado por
tener una normativa inflexible y un régimen interior
bastante duro. Y esto es así para velar por el futuro de
una profesión que se veía abocada a un futuro bastante
negro. De esta forma desde los comienzos del Gremio se
lucha por la calidad y el perfecto acabado en las obras
contratadas, por el cumplimiento de los plazos y días de
“plantá” –reclamando al Ayuntamiento cuando ha sido
necesario una ampliación de estas fechas- y promoviendo
la incorporación de nuevos artistas constructores,
creando para tal efecto el examen de acceso al Gremio.
Como ejemplo en el año 1985 se delimitó en qué podía un
constructor ayudar a cualquier hoguera que decidiera
construir por sí misma el monumento foguerer: “se le
podrá vender cartón y otro tipo de materiales, pero bajo
ningún concepto hacerle ni el boceto ni una maqueta, ni
tan siquiera dirigirles en la construcción y plantà de
la foguera”. A lo largo de estos años también se han
organizado cenas y galas homenaje tanto a los artistas
ya retirados, como a las hogueras ejemplares para los
constructores, ejemplares en cuanto al trato y el apoyo
recibido.
Otro de los frentes de batalla
que siempre ha planteado el Gremio ha sido el del
intrusismo profesional, jóvenes artistas que construyen
fogueres pequeñas o medianas al margen de los contratos
del gremio, y sin hacer frente a los pagos fiscales y
legales para desarrollar esta profesión.
Pero seguro que una de las
mayores reivindicaciones realizadas por los asociados ha
sido la tan necesaria “ciutat del cartó o del artista
foguerer”, que no es otra cosa que disponer de un
polígono con naves de tamaño adecuado a la realización
de fogueres o carrozas, tal y como existe en Valencia.
Un polígono al cual puedan acceder en condiciones dignas
y ventajosas todos aquellos que se han decidido por un
trabajo apasionante pero a ratos ingrato. Esperemos que
esta ciutat del cartó deje de ser la promesa electoral
de cada cuatro años para ser algo tangible, una realidad
necesaria.
Como se ha podido comprobar
en esta breve reseña histórica la actividad generada por
el Gremio de artistas constructores de Fogueres
d’Alacant no ha sido nada desdeñable. Desde su aparición
en aquel lejano 1982 podemos decir que la actividad de
la construcción foguerera ha ganado en respeto,
dignificación y protagonismo. Esperemos que el futuro
que se abre ante nuestras puertas sea igual de
provechoso que el bagaje histórico de un Gremio más que
necesario para el desarrollo y crecimiento de las
fiestas oficiales de nuestra ciudad, nuestras queridas
Fogueres de Sant Joan.