Hace
un siglo las fallas valencianas ya habían adquirido un mayor
interés popular y algunas comisiones se preocupaban de que
en la construcción intervinieran algún entendido en el arte
del modelado o de la pintura.
Así se citan entonces por
primera vez fallas en las que las cabezas y manos han sido
modeladas y realizadas en cera y pintadas luego
apropiadamente. Y algunas de ellas realizadas totalmente por
artistas, a veces para fines comerciales las que se instalaban
en la plaza de toros - la primera de ellas en el año 1886 -,
cuyas fallas tenían todas movimientos y producían la
admiración de cuantos las contemplaban. Algunos periódicos
citan que <<estaban tan bien construidas que daba lástima
fueran destruidas por el fuego>>.
Aquella evolución de las Fallas
fue estimulada por algunas entidades recreativas, que al
comenzar el último cuarto del siglo XIX, premiaban la que
consideraban la mejor Falla con un estandarte, pero ello no
tenía continuidad, sino que se realizaba esporádicamente,
según la vida y las posibilidades económicas de aquellas
pintorescas sociedades de antaño.
Cuando en 1885 la fiesta fallera
estuvo en trance de desaparecer, porque un concejal del
Ayuntamiento consideró las Fallas <<impropias de una
capital seria y de primer orden>>, se propuso por este,
y así se acordó, elevar la tarifa para instalarlas llegando
hasta a hacer pagar sesenta pesetas. Lo que dio margen a que
no se plantase ninguna Falla hasta el año 1887 en que la
corporación municipal rebajó a diez pesetas la licencia,
colocándose aquel año veintisiete fallas, número no
conocido hasta entonces.
En aquel renacer optimista de la
fiesta se otorgaron por primera vez tres premios a las fallas.
Fue por iniciativa de <<la traca>>, que dirigía
el escritor Manuel Lluch Soler, Quien realizó una ingeniosa
cuestación entre los Pepes y las Pepitas para adjudicar tres
premios a otras tantas fallas que más se distinguieran por su
ingenio y gracia.
El primer premio, que consistía
en costear la banda de música, fue adjudicado a la falla
instalada en la calle de Embajador Vich, que representaba una
parodia de la estatua del rey Jaime el Conquistador. El
segundo premio consistía en una larga traca y fue otorgado a
la falla levantada en las calles Colón y Játiva. Que se
titulaba “Una Becerrada”, aludiendo a la policía local.
El tercer premio fue adjudicado a la falla plantada en la
calle Jabonería Nueva,( que posteriormente desaparecería con
la apertura de la Avenida del Oeste) y consistía en costear
también la banda de música que amenizaba los festejos en
dicha calle.
Después, no se adjudicaron otros
premios efectivos y en sucesivos años volvieron a
concederse los honoríficos estandartes, especialmente
los de la sociedad valencianista <<Lo Rat Penat>>.
En el año 1895, esta sociedad y el Círculo de Bellas Artes,
interesándose por la modificación de las fallas <<en
su sentido artístico y, culto>>, ofrecieran tanto
valiosos estandartes a las que ofrecieran también mayor
novedad.
Ello dio motivo para que las fallas,
con el acicate de estos premios, mejoraran notablemente en su
construcción y forma de realizarlas, porque intervenían ya
en ellas muchos artistas que comenzaron a destacar por aquella
época.
En el año 1896, no se plantaron
fallas, como consecuencia del estado conflictivo político que
sufría España con Cuba, muy a pesar de que parte de los
monumentos falleros de ese año estaban preparados.
En el año 1897, nuevamente se
plantarían fallas un jurado formado por los señores Julio
Cebrián, José Vizcaíno, Antonio Palanca, José María Puig
Torralba, y José Bodria, perteneciente alas sociedad
“Lo Rat Penat”, otorgaría el estandarte ala mejor
falla a la plantada en la Plaza de la Pelota”, que aludía
aun gran tribuno: un cerdo vestido de etiqueta, atado a un
poste, y cercano a el un hombre del pueblo señalando al
animal. La prensa de la época alabó la iniciativa de la
sociedad “Lo Rat Penat”, y promovía que otras entidades
la imitaran, pues así aumentaría el estímulo y el gusto artístico
de la clásica fiesta, que tan bien retrataba el carácter
alegre y socarrón de los valencianos.
En el año 1898, se
volvió a premiar los mejores monumentos la sociedad
“Lo Rat Penat”, formando jurado de las mismas los señores
Cebrián, Gómez, Puig Boronat, Bernal Y Cabrelles, otorgando
el primer premio a la del Hort d´En sendra o de Sogueros, que
representaba una crítica del juego del “coin” y que fue
obra de Pedro Ferrer Calatayud. El premio de este año
consistió en una artística rama de almendro, que simbolizaba
la llegada de la primavera y junto a su centro un “tabalet i
una dolçaina” con una cascada de amapolas, todo esto sujeto
con una cinta de colores nacionales en la que se leía la
siguiente leyenda: “Lo Rat Penat a la mejor Falla de
1898”, tuvo también el privilegio de ser quemada con todos
los honores el día 20 un día después que las otras.

En el año 1899, siguiendo la costumbre
de los años anteriores la sociedad “Lo Rat Penat”, vuelve
a premiar a la mejor falla con un jurado compuesto por los señores
Badenes, Ferrer, Badenes, Cebrián y Ponce otorgan el máximo
galardón a la falla plantada en la plaza de la pelota, consistente en una guitarra, unas
castañuelas, un ramo de laurel lleno de buñuelos sujeto todo
por una traca de la que colgaba un lazo de raso con los
colores de la enseña nacional.
En 1900, sigue la sociedad
premiando la mejor falla, obteniendo este año el galardón la
plantada en la Plaza del Príncipe Alfonso titulada “La
pipa, krugguer y los ingleses”, obra de Enrique Navas. El
premio consistió en una columna de laurel que aguantaba una
gran paleta, donde estaba pintado el escudo de dicha Sociedad,
obra la misma del maestro Pedro Ferrer Calatayud.
Al comenzar el nuevo siglo, el
Ayuntamiento, decidió colaborar también a la labor que habían
iniciado “El círculo de Bellas Artes” y la Sociedad “Lo
Rat Penat”, ofreciendo además de un estandarte, un premio
en metálico.
La idea fue del concejal don Anacleto
Pastor y Canut, que propuso a sus compañeros de corporación
otorgar doscientas cincuenta pesetas a la falla
ganadora, sin embargo, no fue del todo aprobada su propuesta
dado que se acordó la concesión de un estandarte y cien
pesetas para el autor de la falla.
En la mañana del 18 de marzo de ese
mismo año un jurado compuesto por don Anacleto Pastor y Canut,
sus compañeros de la corporación, don Manuel Cort Gonzálves
y don Francisco García Cáceres. Por parte de la Sociedad
“Lo Rat Penat”, que también ofreció su estandarte, los
artistas Cebarían Mezquita y don Eugenio Carbonell Mir. Además,
se agregaron como componentes del jurado don Antonio Guerrero
y don Juan Péris de la Sociedad humorística “El Cabás”,
que también ofrecían un estandarte.
El galardón del Ayuntamiento recayó
en la falla plantada en la calle Ruzafa, esquina a la de
Cirilo Amorós obra del artista Bautista Rodríguez, bajo el
lema “Los progresos de la ciencia”. El galardón de “Lo
Rat Penat”, fue concedido ala falla plantada en la calle de
las comedias y el estandarte de la sociedad humorística “El
Cabás”, para la falla plantada en la calle Maldonado.
En 1902, el Ayuntamiento introduce la
novedad al galardón del primer premio, otro segundo que
constaba de un estandarte
acreditativo, y de cincuenta pesetas, siendo el primer
premio para la falla plantada en la Plaza del Príncipe
Alfonso, realizada por el señor Blesa y el segundo para la
instalada en la Plaza de la Reina, de don Enrique Navas.
Así se continuó hasta el año
1904, con la
novedad en este ejercicio, de que se reparten tres premios.
En el año 1909, el Ayuntamiento
suprime los premios y ello hace descender el número de
monumentos falleros plantados en las calles y plazas.
Nuevamente, en 1910, se vuelve a
premiar las fallas
la
cantidad de fallas cada año fue aumentando, también lo
fueron las entidades que otorgaban sus premios, siendo algunos
años un verdadero berenjenal de ellos.
Y es en 1933, con la creación de la Semana Fallera
por el Comité Central Fallero, cuando se establece la división
de las 73 fallas de ese año, en dos secciones, con sus
correspondientes premios. Esta división fue establecida
siguiendo un baremo (supuestamente económico) establecido por
el mismo Comité. Al año siguiente, el número de fallas
aumentó a 117.
El Ayuntamiento de Valencia, no ha
interrumpido, a excepción del periodo de la Guerra Civil Española,
la concesión de los premios alas Fallas, que han ido
constantemente ampliando su cantidad y calidad, contribuyendo
eficazmente al desarrollo y evolución de la más espléndida
y luminosa fiesta valenciana.
Bibliografía: “Las Provincias”,
especial de Fallas 1968. | “ Las
Provincias”, especial de fallas 1965. | “500
Años de Fallas”, Diputació de Valencia
año 2000/José Soler Carnicer.
“Historia de las Fallas”, Levante 1990/VV.AA
“ Las Fallas”, 1849-1936/Enric Soler i Godes
Editorial Albatros- Gremio de Artistas Falleros- Manuel
Sanchís.